El lunes, 25 de mayo, dedicamos nuestro taller de lectura al libro de relatos cortos Voces remotas (2020), del escritor y narrador oral Ignacio Sanz (Lastras de Cuéllar-1953).
Los catorce relatos que componen este libro se desarrollan en los vastos territorios de la llamada España vacía, pueblos perdidos en zonas de montaña o en llanuras cerealistas y pinariegas, bien conocidas por el autor.
Los temas son variados, aunque hay dos que sirven de hilo conductor: el fracaso de los pueblos por sobrevivir y la soledad: pasadas las fiestas de septiembre, el pueblo vuelve a su ser, a esta agonía que traen los inviernos, la soledad de los inviernos (relato Primos lejanos). Destacamos, junto a los anteriores: el pueblo como refugio, después de los sueños fracasados: me gustaría que mi padre resucitara para que pudiera ver dónde nos han traído las aguas revueltas que corren por los desagües del mundo (Chisquiretas); el despoblamiento: Casas cerradas. Me he convertido en el llavero del pueblo; la ignorancia de la que obtienen beneficio otros (Chimeneas); los que progresan fuera del pueblo y no se olvidan de sus orígenes (Marciel); la dura vida de las mujeres: la de horas que habré pasado tirando en los surcos y luego me iba a casa para seguir faenando con la comida, con los niños (Fresas); las envidias y odios (Los Tejorras); el egoísmo entre familiares en el caso de reparto de herencias: Cuántas trampas. Lo que queda escrito en un papel nadie lo puede borrar (Las hurgoneras), o el apego al pueblo (Venturín).
Los protagonistas de los relatos son seres anónimos que nos narran, con una gran sencillez, sus sueños de juventud, sus fracasos, el paulatino despoblamiento o su conformismo ante una ruina irremediable. Están escritos con un gran dinamismo narrativo, un lenguaje directo y coloquial, con un léxico muy enraizado en los espacios geográficos descritos: chisquereta, sornear, engarrio, cutia, palloza o cija, y en los que son frecuentes las estructuras anafóricas para reiterar la idea esencial, como se observa en Tres rumanos muertos o Nuevas amistades. Una influencia clara de las narraciones orales de las que el autor se declara deudor.
Una lectura que nos ha permitido escuchar las voces de quienes habitan territorios muchas veces olvidados, y descubrir que, detrás de cada pueblo, de cada casa cerrada y de cada recuerdo, siguen latiendo historias profundamente humanas.







