TALLER DE LECTURA: RESEÑA DEL MES DE ABRIL

El lunes, 25 de abril, dedicamos nuestra sesión de lectura a la novela La señora Dalloway (1925), de Virginia Woolf (1882-1941), con la que se consagró como una de las escritoras referentes del modernismo vanguardista del siglo XX y del movimiento feminista (junto a su ensayo Una habitación propia, publicado en 1929).

La señora Dalloway exige una lectura pausada y reflexiva; nos ha dejado una sensación muy personal que, gracias a nuestro taller de lectura, hemos compartido con los asistentes, ampliando y enriqueciendo nuestra perspectiva.


Hemos valorado la maestría de Virginia Woolf, por ser capaz de presentarnos una novela experimental, narrada desde la conciencia de los personajes, donde no hay límites entre el sueño y la realidad, ni entre el pasado y el presente, a través de un estilo depurado, elegante y cercano a la poesía.

Nos sitúa en el presente, en una mañana luminosa del mes de junio del año 1923, día en el que Clarisa Dalloway (mujer de la alta sociedad, vital, con el don de conocer a las personas casi por instinto y amante del aquí y del ahora) ultima los preparativos para la fiesta que, esa misma noche, tendrá lugar en su casa y a la que asistirá lo más selecto de la sociedad londinense. Pero la conciencia fluyente de la protagonista y del resto de personajes, nos transporta con frecuencia al pasado, mostrándonos lo que ven y lo que sienten. En ocasiones, se entrecruzan sus pensamientos y el lector es partícipe de la multiplicidad de puntos de vista sobre un mismo hecho o sobre un mismo personaje. De esta forma, fluyen también los temas que preocupaban a la autora: la incomunicación (Los personajes piensan mucho pero reprimen sus palabras) y la soledad; el paso del tiempo y la muerte; las convenciones sociales y la sexualidad o el trauma de la guerra, representado en Septimus Warren, considerado el doble de Clarissa. En definitiva, una novela imprescindible.

La gente tiene su dignidad; cierta soledad; incluso entre marido y mujer hay cierta distancia; y es preciso respetarla, pensó Clarissa Dalloway, al verlo abrir la puerta; pues una no está dispuesta a renunciar a ella, ni arrebatársela a su marido contra su voluntad, sin perder la propia independencia y el respeto por sí misma…que, al fin y al cabo, no tiene precio.

La siguiente lectura será el día 23 de mayo con la obra titulada «Tierra de Campos», de David Trueba.

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